jueves, 1 de octubre de 2009

Editorial 20: (01/10/09)

Vivimos la vida según la vemos.

Recibimos un correo electrónico con la entrevista a un pastor de camellos, cabras, corderos y vacas, que nació y vivió en el desierto del Sahara, y cuyo lugar de su nacimiento fue un campamento nómada.
De fe musulmana, actualmente estudia en la Universidad Montpellier, Francia.
Su nombre es Moussa Ag Assarid.

En esa entrevista Assarid comenta que en su primer viaje a Europa se asustó cuando vio a la gente corriendo de un lugar a otro. Explica que en su país las personas sólo corren cuando viene una tormenta de arena, por lo que al ver tanto movimiento, automáticamente le inundó el miedo.
El terror inconciente a una catástrofe que se avecinaba se apoderó de él.

Evidente, su visión de la vida era muy distinta a la de los europeos. En un primer momento pensó que quizás él estaba equivocado y los europeos en lo cierto, luego se cuestionó si no era al revés.

Assarid sostiene que la cuestión es la concepción del tiempo. Los habitantes del Sahara tienen otro ritmo, muy distinto a la forma acelerada de vivir en el mundo occidental.

Un gran filósofo y teólogo, Raimon Panikkar dice que en occidente: “Vivimos en un tiempo en el que se pretende que el rosal crezca rápidamente tirando de sus hojas”.

En el mundo del pastor Assarid se espera que el rosal cumpla su ciclo para dar sus flores. Estas son dos formas de ver la vida y hay muchas formas de vivirla.
Seguramente recuerdan el dicho: “La vida es según el cristal con que se mira”.


En muchos, o en la mayoría de los casos, podríamos decir que el proceso que utilizamos es el siguiente: Nos hacemos una idea de la vida. Luego la vivimos de acuerdo a esa idea.

Es decir, construimos una visión de lo que es la vida, luego afirmamos que ella es así.
Si hay otros que dicen que es distinta, creemos que están equivocados. Entonces, ¿Qué pensamos acerca de cómo es nuestra existencia?

Veamos un ejemplo.
Salimos de vacaciones y al volver comentamos: “Me fue fantástico. Cargué las pilas”.
Eso significa que estamos preparados para volver al trabajo. Estábamos cansados, ahora descansamos.

Pero… ¿De que estábamos cansados? ¿Del trabajo o de la forma de vivir cada día?
Vale la pena fijarse en la diferencia.

Solemos tomar la vida como si fuese una guerra. Una lucha feroz por la supervivencia.
Si se plantea una discusión queremos ganarla. Pegamos con los argumentos fuertes y estamos atentos a los débiles para defendernos cuando nos ataquen.

El objetivo siempre es ganar. A veces no importa cómo.

Son pocas las personas a quienes se les ocurre encontrar otros caminos. Por ejemplo, examinar lo que cada uno propone y ver cómo se puede construir en forma conjunta.
Se evitarían esas discusiones que siempre terminan mal.

Hay que cambiar el chip mental. La vida no es una guerra.

También suele pensarse que la vida es como una escalera. Hay que subir. Cuanto más alto, mejor. ¿Mejor? ¿Mejor en relación a qué? Ojo, que al practicar este estilo de vida, automáticamente decimos que los que quedan abajo son peores, o malos, o no sirven.

Hay muchas otras formas de ver la vida. Como decíamos antes, generalmente construimos o aceptamos una imagen de la vida y luego nos esforzamos para vivir de acuerdo a ella.

El Apóstol Pablo tenía su visión de este asunto. Decía que era como alcanzar un blanco.
Lo importante no es el manejo del tiempo. Competir. Subir. Declarar la guerra.
Lo sustancial es la dirección que llevamos y ver si vamos hacia el blanco. A la vida plena. Libre. Satisfactoria.

Pablo habla de alcanzar el blanco. Y aquí nos encontramos con una perlita, la palabra pecado quiere decir errar el blanco. Originalmente viene del arte de la Arquería. Se tensa el arco, se lanza la flecha y hay que dar en el blanco. Errar el blanco es un pecado.

Si, ya se, nosotros usamos la palabra pecado cuando se hace algo que creemos que es malo. Y así es nomás: errar la dirección de nuestra vida es un pecado.

Hay que preocuparse y ocuparse en ver si lo que hago está bien o está mal, pero lo fundamental es observar si la orientación de la vida va hacia el blanco, el de la vida legítima y no fraudulenta.

Un poco complicado, ¿no?... Pero no imposible.
Dar en el blanco. Alcanzar el objetivo de una vida a pleno.
Algo que podemos lograr si nos unimos.
Para eso, desde la Iglesia Metodista de la calle Belgrano al 300, en Bahía Blanca, te proponemos…
Pensar Juntos la Vida.

Pastor Anibal Sicardi
Corrección: Rubén Ash
01 de octubre de 2009

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