viernes, 18 de diciembre de 2009
Editorial 31: (17/12/09)
El jueves pasado, en nuestro programa de Pensemos Juntos la Vida, acuñamos una frase sumamente interesante.
Al hablar sobre la necesidad de tomar decisiones dijimos que: “Para poder tomar una determinación personal, antes deberíamos formatear el chip del pensamiento”.
Un chip es ese pequeño elemento que, entre otros lugares, se coloca dentro del celular.
En él almacenamos memoria de nombres y números telefónicos.
Si lo cambiamos por el de otra persona, tendremos otros datos distintos.
En nuestro interior se encuentran pensamientos que se incorporaron con el tiempo. Fruto de enseñanzas y elecciones de distintas etapas de la vida.
A partir de esa información tomamos nuestras decisiones personales.
Pocas veces percibimos que ese cúmulo de datos nos da una determinada visión de la vida, es decir, una forma particular de ver el mundo.
La mayoría de la información diaria proviene de los Medios de Comunicación: Recibimos las noticias que nos suministran e ignoramos las que esconden.
No podemos evitar recibir las noticias de lo que pasa en la ciudad, en el país, en el mundo: Asaltos. Muertes. Corrupción…
El Presidente de una nación al que se le otorga el Premio Nobel de la Paz y en su discurso de recepción del galardón defiende la guerra…
El Mundo del Revés de María Elena Walsh.
También lo del Salmo número doce, angustiado porque en su sociedad se terminaron los piadosos,
Todo nos lleva a repetir aquella frase de Mafalda: “Paren al mundo, que me quiero bajar”
Intentemos cambiar el chip.
Veamos el tema de la juventud:
Los Medios de Comunicación largan datos sobre quienes roban y matan.
El contenido de las notas, incluidas las fotos, son de un determinado perfil.
Muchachos y muchachas de tez oscura, provenientes de barrios y villas marginales.
Con facilidad increíble los mayores nos apegamos al dicho: “Esta juventud está perdida”.
Ojo, esta expresión no es novedad. Ya la decía el gran Sócrates, unos 400 años AC.
Tampoco es novedad que quieran hacernos creer que la violencia y la maldad tienen determinados tipos de piel.
Hitler fue un abanderado pero no el único.
Aún hoy la discriminación racial se mantiene viva.
El club del racismo y la xenofobia tiene demasiados adeptos.
Antes, en las películas de Hollywood, “los malos” eran negros que se vestían de rojo, haciendo alusión a una determinada ideología, con ideas diametralmente opuestas al capitalismo de la industria cinematográfica.
Hoy se le agregan los hispano parlantes, los árabes, los palestinos, los africanos, los orientales, los…
Poder y medios. Cóctel letal.
Dice la canción: “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia. La verdadera historia”. “Quien quiera oír, que oiga” decía Jesús
Cambiemos el chip. Incorporemos lo que no se nos dice.
Lo que se esconde.
Miles de chicas y chicos cursan el secundario.
Otro tanto siguen en la Universidad.
Muchos de ellos y ellas, trabajan y estudian.
Gran cantidad de jóvenes son voluntarios en organizaciones de bien público, por ejemplo Caritas o La Cruz Roja.
No hay cálculos sobre la juventud que realizan tareas en el Arte: Literatura. Plástica. Música. Danza y un sin fin de actividades culturales y artísticas.
Muchos, pero muchos jóvenes, participan en agrupaciones corales.
Ojo, que no se trata sólo de cuando hacen los recitales, sino de una coherente disciplina de ensayos,
que incluye tanto la búsqueda de la perfección en el canto personal y grupal como el mero placer de juntarse con otros a cantar y disfrutar.
Ahora, cambiado el chip, obtenemos una historia de la juventud distinta a la habitual.
Así también otros aspectos de la vida humana.
De allí el acierto de Pensemos Juntos la Vida cuando dijimos
“Para poder tomar una decisión personal, antes deberíamos formatear el chip del pensamiento”.
Si no lo hacemos, siempre elegiremos los mismos caminos,
que finalizan en los conocidos callejones sin salida.
La semana que viene celebraremos Navidad.
El recuerdo del nacimiento de Alguien de quien decimos que vino a rescatar lo perdido.
Nos atrevemos a cambiar el adjetivo, y en vez de “perdido”, decimos “olvidado”.
Es lo que hizo ese niño cuando se hizo grande.
Se encontró con un paralítico y le dijo: “vos podés caminar”.
Con alguien que tenía cerrada la visión y lo impulsó a ver.
Con otro que estaba encadenado a las cadenas impuestas por la sociedad y lo liberó para que expresase su ser en la totalidad de la vida.
Ese niño hecho mayor suele ser asociado con la figura del Juez inexorable que viene con leyes y reglamentos.
Si cambiamos el chip, lo veremos realmente como es.
Viene a desafiarnos para ser veraces con los juicios.
A que nos animemos a vivir una vida digna.
Abre nuestros graneros y, cambiando el chip,
nos muestra las semillas de cereal que tenemos en nuestro interior y nos insta a que las transformemos en harina que moldea el pan de la vida verdadera.
Es El que viene para darnos el dato de que en Él podemos encontrar la verdad, la libertad, el amor.
Dentro de una semana será imposible evitar los habituales ritos de Nochebuena y Navidad.
Será bueno participar de ellos si no olvidamos que vamos con el chip que tiende a oscurecer la realidad de lo acontecido y a regrabar información que ocultará datos muy importantes de esa historia.
El sábado 26 tomemos coraje y cambiemos el chip.
Anímense.
Les aseguramos que se sorprenderán.
Luego lo esperamos en la Iglesia Metodista de Belgrano al 300, aquí en Bahía Blanca, para conversar sobre este nuevo descubrimiento,
Y para que, como hermanos,
O como amigos…
Pensemos juntos la vida.
Pastor Aníbal Sicardi
Correcciones: Rubén Ash
Jueves 17 de diciembre de 2009.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Editorial 30 : (10/12/09)
Formateo de cuerpos.
Al finalizar noviembre, la muerte de Solange Magnano movilizó los medios de comunicación y la opinión pública. La modelo, de 38 años, sufrió una embolia pulmonar al efectuarse un tratamiento estético en los glúteos.
El mayor espacio informativo fue ocupado por la versión de una posible mala praxis. Detrás de ese hecho se encuentra la polémica del avance de la ciencia sobre el cuerpo humano y la legitimidad o no, de ese tipo de operaciones.
En la discusión no deben estar ausentes los beneficios que la ciencia provee a la salud de los seres humanos.
Quien más, quien menos, tenemos instalados apósitos científicos.
Usamos audífonos, implantes dentales o dentaduras postizas completas, algunos brazos artificiales que parecen propios, implementos en el corazón que alargan la vida, entre otras maravillas de la ciencia actual.
El utilizar esa tecnología para el supuesto embellecimiento del cuerpo o el ocultamiento de la edad es un tema discutible.
En el caso de Solange Magnano llama la atención la opinión generalizada de que no tenía necesidad de esa cirugía si se tiene en cuenta el modelo de belleza actual.
Era perfecta, dijo el modisto Roberto Piazza para quien trabajaba Solange. Lo mismo opinaron otros y otras.
Quedan en evidencia dos elementos motivadores de la decisión de Solange.
Uno, el ideal de belleza que se pregona: Cuerpo delgado. Firme. Rasgos eróticos de acuerdo al concepto actual.
Resalto lo de actual porque cabe mencionar que en otras épocas el ideal era el cuerpo más bien obeso.
A contra corriente de la actualidad, algunos artistas, tal el caso de Fernando Botero el gran pintor y escultor colombiano, resaltan en sus pinturas a mujeres y hombres rollizos.
El otro elemento motivador para Solange fue lo que ésta consideraba bello. Dicho de otra forma: lo que ella creía que necesitaba su cuerpo para mantenerse bella.
Ese pensamiento tiene su propia autonomía y corre en andariveles distintos a lo que piensan otros y otras. Es la idea particular de la persona. En el caso de ella ambos caminos eran uno.
Por un lado el modelo, en este caso de belleza, proclamado públicamente y adoptado como una verdad de hecho.
Por otra parte lo que la persona piensa al respecto, aunque influenciada y presionada por esa propuesta que viene envuelta en papel brillante y moño de verdad pura y terminante.
Desde allí aparece el cómo debe ser formateado el cuerpo para lograr el objetivo de la perfección. ¿De la perfección impuesta por quién? ¿Por la persona o por el modelo?
Para poder tomar una decisión personal antes deberíamos formatear el chip del pensamiento. Liberarlo de presiones.
Ese mecanismo de pensamiento y práctica, la exposición de un modelo y la presión para aparecer lo más cercano a ese modelo, es el mismo que impone ciertos estilos de vida. En la sociedad se fabrica un modelo de lo que es vivir, y todos y todas, sentimos la presión de colocarlo en práctica.
Para no entrar en demasiados detalles veámoslo en la forma de vestir, en la moda.
Veinte años atrás, a un empleado de banco, ni por asomo se le ocurría dejar de usar saco y corbata. Hoy puede presentarse sólo en camisa.
Si examinamos fotos anteriores a 1940, veremos obreros asistiendo a los pic-nics con saco, corbata y gorra. Hoy sería ridículo, impensable.
El asunto tiene perfiles peligrosos cuando se trata del estilo de vida.
Se encuentra la impuesta necesidad de tener ciertos elementos materiales para alcanzar una imagen determinada y las reglas que se nos asignan para tener un empleo y progresar laboralmente.
Prácticas éticas y de ideales que no suelen estar de acuerdo con nuestros pensamientos más profundos, pero que vamos adoptando para mantener el status y la entrada económica. Si no lo hacemos quedamos fuera del sistema… Out…
Formateamos el cuerpo y el espíritu.
Con
Ya no distinguimos lo que es genuinamente nuestro.
Perdimos autenticidad.
Los y las presuntas líderes políticos son un clarísimo ejemplo.
Sus vidas están tan formateadas que no sabemos quiénes son.
Lamentablemente también ocurre con algunas otras dirigencias, incluidas las religiosas.
Pero esto no es patrimonio de esta época.
Les cuento que Jesús ya se enfrentaba con este dilema. Ante los líderes religiosos, que habían formateado sus vidas de tal manera que eran lo opuesto a lo que proclamaban, les dice a sus discípulos: “Por favor, no sean como ellos”.
Cuando se le increpa porque sus amigos no aplicaban la formateada costumbre de lavarse las manos antes de comer, les dice a los críticos: “Lo que entra por la boca no es importante, lo importante es lo que sale por la boca pues es lo que está en los corazones”.
Ese es el nudo. El núcleo de la vida.
Lo que se encuentra en nuestro interior.
Pablo Neruda, el gran poeta chileno, coleccionaba caracolas, es decir, caracoles.
Tenía tal cantidad que donó nueve mil a
Aquello que daba a cada caracol su propia versión.
Neruda vio lo que la mayoría de nosotros no vemos.
Lo íntimo.
Lo auténtico de la caracola.
Es tiempo de que cada uno de nosotros, cada una de nosotras, nos dediquemos a mirar nuestro interior.
Nuestra íntima estructura humana.
Lo auténtico. Lo genuino.
Y luego construyamos nuestra vida a partir de ello, limitando a lo instrumental, las exigencias de la opinión pública.
Si, lo hemos dicho otras veces y Ud. lo sabe.
Esa instancia no podemos transitarla solos. Solas.
Debemos hacerlo con otros y otras.
Por eso, desde
Pensar juntos la vida.
Pastor Aníbal Sicardi
Correcciones: Rubén Ash
Bahía Blanca 10 de diciembre de 2009.-
lunes, 7 de diciembre de 2009
Editorial 29: (04/12/09)
Somos recuperables.
Michel Clayton es el personaje principal de una buena película estadounidense cuyo
argumento trata sobre la vida de los bufetes de abogados y se sitúa en “La gran manzana”: la ciudad de Nueva York.
El director de la película, Tony Gilroy, explica que "No hay otro lugar como Nueva York que concentre tanto dinero, actividad e intensidad".
Los casos que deben resolver están relacionados con fuertes demandas económicas sobre poderosas empresas. Los asuntos son tan complicados que si los ganan reciben millones de dólares, pero si los pierden, se les producen agujeros impresionantes en sus finanzas.
Al elegir personal, deben incorporar alguien que sepa resolver con rapidez y en silencio, las incómodas situaciones en las que se meten clientes y abogados del buffete.
El que ocupe ese cargo debe ser un "arregla-tutti”, de ágiles “reflejos” para salir de complicados enredos y, sobre todo, que no tenga problemas en cuanto a la moralidad de las decisiones.
En esta ocasión el personaje es Michel Clyton, que da nombre de la película.
En el ir y venir de su historia, el “arregla tutti” se enfrenta con una crisis personal. La ambigüedad entre lo que decide y lo que verdaderamente piensa de la vida, lo carcome.
Todas las características que Clayton utilizaba para solucionar la vida de los otros –su encanto, su carisma, su autoridad – se vuelven inútiles. En palabras del director de la película: “Cuando estás perdido, ni todo el carisma del mundo te ayuda a encontrar el camino a casa”.
Clyton logra percibir quién es él.
En una difícil entrevista con otra persona, sale
Clarito como el agua clara. Muestra el nudo GORDIANO de su vida.
Queda como Adán en el relato del Génesis.
Tal vez Ud. ya tiene en mente alguna persona que se encuentra en esa situación.
Quizás Ud. mismo esté en ella.
Hay un relato antiguo de alguien así.
En el sistema del Imperio Romano era sumamente importante tener recaudadores de impuestos en cada localidad conquistada. En su aceitada organización local, podía necesitar varias personas. Entonces se nombraba a un Jefe de Recaudación de Impuestos, digamos un Montoya de aquellos tiempos.
Uno de ellos, muy rico, entró en el círculo de esa experiencia existencial que es el preguntarse sobre sí mismo y analizar la distancia entre el ritmo de su vida y sus íntimos anhelos.
Un día se enteró que a su pueblo llegaba un caminante que hablaba muy bien y daba certeros consejos.
Se mandó hacia donde iba a estar esa persona, pero se encontró con que había mucha gente y él, medio petizón, no lo podía ver.
La solución fue subirse a un árbol
Hubo un doble juego. Él pudo ver al caminante, pero éste también lo vio a él. Inesperadamente el que iba de camino en camino, fijó sus ojos sobre el hombre de baja estatura y le dijo: “Bajáte, quiero hospedarme en tu casa”.
El Jefe de Recaudadores de Impuestos se asombró por la desfachatez del tipo, pero también por la posibilidad de conversar con ese ya conocido personaje.
El relato no cuenta sobre lo que hablaron. Sí, sobre lo que hizo el petiso.
Públicamente anunció que repartiría la mitad de su riqueza entre los pobres y que si había robado a alguien, le daría cuatro veces más esa cantidad. Algo así como una compensación por daños y perjuicios.
El pequeñín decidió actuar como un grande y le dio un viraje al rumbo de su vida
Es posible que Ud ya adivinara quienes eran los personajes de
Le reitero, no se sabe qué conversaron. Pueden aventurarse distintas interpretaciones. Las habituales a los religiosos, quienes presumen que Jesús lo levantó en peso y le pidió que cambiara de vida.
Sin embargo nada impide pensar que hablaron de bueyes perdidos y de sueños y anhelos de la existencia humana, sin referencia directa a la vida del recaudador.
Lo que se sabe es que Zaqueo quedo tan impactado por Jesús que decidió cambiar su estilo de vivir.
Similar a Clyton que se pintó con aquello de: “soy un tipo para sobornar”, Zaqueo se descubre a sí mismo, pero le imprime un giro distinto al de Clyton.
El pequeño hombre se dice: “Soy un tipo recuperable”
Porque ése es el otro paso que hay que dar luego de que reconocemos cómo somos.
Al advertir lo equivocado de nuestro camino, no se termina el partido.
Hay un tiempo de recupero, apto para hacer el gol de la vida.
Nada de quedarnos como mendigos a la vera del camino.
Afuera, con la mirada limosnera y las voces lastimeras sobre el destino del humano.
Hay que limpiar los ojos para ver más allá de lo que pintan los apocalípticos.
Tener la voz firme. La de mando sobre la vida.
El brazo levantado, en señal de victoria.
Para nosotros y nosotras
La habilidad que tiene para desmontar las excusas y enfrentarnos con la vida buena.
Con la riqueza de nuestro interior.
Recomendamos esa experiencia maravillosa.
También sugerimos que antes o después, compartamos ese conocernos en lo más íntimo de nuestro ser.
De esta necesidad de conversar juntos, también estamos convencidos.
Por eso, desde
“Pensar Juntos la vida”
Pastor Aníbal Sicardi
Correcciones: Rubén Ash
04 de diciembre de 2009
jueves, 26 de noviembre de 2009
Editorial 28:(26/11/09)
Asuntos menores.
Una buena película argentina es “Historias mínimas”. Ronda sobre tres personajes que deciden viajar en busca de tres objetivos distintos.
A Don Justo, 80 años, se le perdió el perro y quiere encontrarlo.
Roberto, de 40, desea establecer relaciones matrimoniales con una joven viuda, que está a bastante distancia desde donde él vive. Roberto decide llevarle una tarta de crema, encargada especialmente para la ocasión. Piensa aprovechar la sorpresa de la mujer por ese regalo y le propondrá matrimonio.
María Flores, 25 años, muy humilde, gana un concurso de televisión cuyo premio es un robot de cocina. No sabe como lo usará pero viaja para recibirlo.
Los dos varones y la mujer, que viven en distintos lugares, emprenden sus viajes usando el sistema del dedo, favorecidos por la gentileza de los camioneros quienes escuchan lo que cada uno de los tres personajes cuentan sobre sus vidas.
También entre ellos cuando se entrecruzan en los caminos de la Patagonia.
Son historias de gente no conocida por el público. No integran el espacio de los famosos que se leen, escuchan y ven habitualmente en los medios de comunicación. Son personas comunes. Por ello el director de Historias Mínimas, Carlos Sorín, le puso ese nombre.
Relatos que podríamos clasificar como de asuntos menores. La Biblia tiene algunos de ese estilo. Veamos…
Está el de Moisés:
El Faraón de Egipto decide eliminar a los niños menores de dos años.
Sus asesores le habían alertado que el crecimiento numérico de los niños varones, en el futuro podría poner en estado de rebelión al pueblo judío, que era sus esclavo.
Una madre quiere salvar a su hijo. Lo pone en una canasta y la coloca en el río.
Las aguas llevan al niño hasta los jardines del palacio del Faraón. Lo adoptan.
El pibe se convierte en un buen estadista del gobierno egipcio, pero, cuando es mayor, se pasa a las filas de los de su raza y se transforma en el líder que saca a Israel de la esclavitud de Egipto.
Otro es el que nos cuenta sobre David y Goliat:
David es un pobre tipo al lado de Goliat, a quien debe enfrentar. A todas luces va a perdedor, pero David tiene una honda, una piedra y puntería. Goliat a la lona.
Mas tarde David será un querido y gran líder de Israel.
Por último recordemos el encuentro entre Jesús y Poncio Pilatos:
Cuenta la Biblia que al disentir Jesús de los religiosos y políticos judíos de su época, éstos lo apresan y lo llevan ante Pilatos para que lo juzgue y condene.
El que nació en un pesebre es casi desconocido para el representante del Imperio romano en Jerusalén.
Según los evangelios, especialmente el de Juan, capitulo 18, Pilatos percibe que Jesús es inocente. Intenta una salida. No le funciona. Finalmente, por la presión ejercida por los demás, se encoje de hombros y decide sentenciarlo a la crucifixión, junto a otros dos verdaderos reos.
Para Pilatos, bien instruido en sus responsabilidades de representante del Imperio, el de Jesús es un caso menor. Uno entre otros. Si le salió mal su intento de hacer zafar a Jesús de una pena que no le correspondía, no puede dedicarle demasiado tiempo. Es un caso menor. Uno entre muchos otros.
Así que… ¡A la cruz!
Pocos años después, aquel asunto menor se transformó en un asunto mayor. Los y las seguidoras de Jesús crecieron tanto e influyeron de tal manera en la sociedad, que fueron catalogados de peligrosos. Desde el mismo centro imperial, Roma, se decidió reprimirlos, incluyéndolos como parte (víctimas) dentro del espectáculo del Circo Romano. Hoy se los llamarían subversivos o terroristas. Es decir, un caso mayor.
Una asunto de Seguridad de Estado.
Moisés, David, Jesús y tantos otros y otras forman parte de esas Historias Mínimas. Personas comunes. Sin importancia a la luz de la lógica de los sistemas económico-políticos de turno que, imprevistamente, son activos en las transformaciones sociales.
Historias Mínimas, como la tuya, la mía.
Dejadas al costado del camino propuesto por quienes se adueñan del poder. Los que nos usan como piezas descartables en la maquinaria de la producción que favorece a unos pocos y dejan postergados a muchos.
Asuntos menores que son asuntos de vida. Cuando sus portadores se entrecruzan y abren el corazón de unos hacia otros, los sentimientos y las ilusiones, escondidas como asuntos menores, pasan a confluir en un río que desemboca en el mar de la transformación de la vida personal y comunitaria.
Son asuntos menores que pueden pasar a asuntos mayores. Así que no es casual que nos enseñen a estar separados. Divididos. ¡Es cierto!
Pero no por nada Jesús nos propone superar las fronteras de razas, clases sociales, diferencias físicas, etc. y formar un nuevo hombre. Una nueva mujer. Una nueva sociedad. Quiere que nos unamos y nos ayudemos unos a otros.
La vida en comunidad es un caso mayor. Un asunto de estado.
Por eso, desde la Iglesia Metodista que está al 300 de la calle Belgrano de Bahía Blanca, testificamos sobre esa realidad y proponemos este desafío: que los protagonistas de Historias Mínimas, los considerados como portadores de asuntos menores,
Pensemos juntos la vida.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Editorial 27: (19/11/09)
Los muros que siguen firmes.
Hace unos días se recordó
Los muros pueden ser de una diversidad infinita de materiales. Pueden estar construidos de hormigón, cemento, acero, pueden poseer rejas, alambrado simple o de púas, etc. Cualquier elemento puede ser utilizado para separar y dividir.
También puede ser una vía de ferrocarril que aparta una zona de otra de un pueblo.
O una calle o avenida, que no tienen ningún elemento de separación visible y sin embargo dividen. Un ejemplo de esto acá en Bahía, es
En las ciudades como la nuestra no hacen falta muros visuales para separar a la gente según el potencial económico. Una cosa
También en un mismo barrio, por ejemplo Villa Rosas, donde se plantea la diferencia entre los que viven en la parte interna de
Por cierto, están los que viven en countries y barrios privados absolutamente aislados del resto. ¿Será sólo por seguridad?
Hmmmm
Pero el divisor “Señor Poder Económico” no es para nada patrimonio exclusivo de nuestra ciudad ni de nuestro país.
En el resto del mundo se yerguen infinitos murallones y tapiales separatistas. Tangibles e intangibles.
Hay muros físicos, visibles, incluidos los que son productos de alguna formación geográfica y los construidos adrede por el hombre.
Recordemos los paredones que pretenden impedir el acceso de mexicanos hacia Estados Unidos o en España para evitar el paso de los nacidos en África.
Hay un muro entre Israel y Palestina. Está construido por paredes de hormigón de ocho metros de altura, con torres de control cada
Construido por Israel, a un costo de un millón de dólares por kilómetro.
En Bagdad, a contrapelo de sus habitantes, Estados Unidos levantó varios muros para separar las comunidades chiitas de las sunitas.
Arabia Saudí sospecha de los de Yemen del sur, a quienes cataloga como terroristas, y desde 2007 construye un muro de unos cinco mil kilómetros, altamente sofisticado, cuyo valor será de unos diez mil millones de dólares.
Un estudioso del tema, el canadiense Michel Foucher afirma que "Hoy se han endurecido las prácticas fronterizas", y el diario inglés The Guardian sostiene que: "Nunca, desde
A todos estos divisores físicos hay que agregarles aquellos cercos interiores, invisibles, probablemente mucho peores que los primeros: la xenofobia, el racismo, el clasismo, el sexismo y muchos otros “…ismos” apoyados en legislaciones, como las europeas, que rechazan a los inmigrantes africanos, asiáticos, latinoamericanos y a muchos otros más…
Mientras tanto se habla de igualdad, pero la práctica queda lejos de esas declaraciones. Pululan los muros para evitar las relaciones entre unos y otros, unas y otras. Humanos y humanas.
Razón tiene el filósofo Yves Michaud: "Hay gente que no tiene idea de que otra vida sea posible".
A lo que debe agregarse lo de Goethe: “No se puede amar lo que no se conoce”.
Como excusa para la construcción de esas murallas se apela a los argumentos económicos que esconden las sensaciones raciales o de presunta superioridad de raza o de origen.
Para vender la necesidad de las murallas se crean ficticios estilos de vida. Se construye un criterio de felicidad que no satisface a nadie, pero que se mantiene por la creencia de que los muros son necesarios.
Goethe, sabiamente, lo coloca en otro punto de partida. El temor de conocer al otro o la otra, junto a ese miedo: el no querer amar.
Jesús también enfrentó estos problemas.
Cuenta
Un día, el Mesías, en su camino se encontró con una samaritana.
En vez de ignorarla como era de esperar, conversó con ella.
Al hacerlo, derrumbó dos muros: el de género y el de raza. Habló con una mujer, lo cual estaba prohibido para un Maestro como él y mucho más aún pues ésta era de Samaria.
Los discípulos se quedaron con la boca abierta cuando vieron la escena de su Jefe hablando con una mujer y además samaritana.
La conversación versó sobre situaciones personales de la mujer y desembocó en el problema religioso. La preocupación de la mujer era saber dónde se debía adorar a Dios. El tema es que los judíos insistían en el templo como lugar sacrosanto y ellos tenían otra idea.
Jesús fue lapidario: “Ni lo uno ni lo otro. Para adorar a Dios es bueno hacerlo en cualquier parte”.
Supera la barrera del lugar. Con ello derriba otros dos muros: la del lugar como edificio (Templo) y como espacio geográfico.
Hay otros ejemplos sobre ese estilo de vida que propone Jesús.
El de las relaciones sin prejuicio. Sin fronteras. Sin muros. Propone el vivir cara a cara. Sin tapujos. Sin miedos. Abiertos.
Por supuesto que no es tarea fácil.
Hasta puede ocurrir que cuando nos animamos a experimentar, nos salga mal y quedemos pagando.
Sin embargo, nunca hay que bajar la expectativa.
Si el otro o la otra nos falló, no importa, hay que perseverar. Incluso debemos mirarnos interiormente y preguntarnos: ¿Qué nos falta profundizar, corregir? ¿Qué actitud o palabra pronunciamos que hizo que el otro nos diera la espalda?
Recordemos que la responsabilidad en las relaciones, siempre es compartida.
En el caso de Jesús los discípulos aprendieron después de un largo caminar junto a Él, pero luego, en la historia de estos dos mil y pico de años, la iglesia una y otra vez se convirtió en muro divisor. No menos lo hicieron otras expresiones fe.
Es que las religiones hicieron su aporte, en muchísimas ocasiones, para mantener murallas separadoras de las vidas humanas.
Esas actitudes y palabras de división las hemos heredado e inclusive las hemos considerado necesarias e imprescindibles.
Desandar ese camino es difícil y es necesario tiempo y perseverancia para derribar nuestros propios muros.
Además, hay que convencerse de una vez por todas, que no lo podemos hacer solos ni solas.
Nosotros y nosotras, de
Pensemos Juntos
jueves, 12 de noviembre de 2009
Editorial 26: (12/11/09)
Encontrarse con la propia historia.
Martín cuenta que un día le prestaron un acordeón y que, al tocarlo, el cuerpo entero le tembló. No entendió el por qué.
Tiempo después supo que el acordeón era un instrumento que su madre tocaba con mucho amor.
Cuando su cuerpo tembló, no lo sabía.
Martín fue criado por una familia que no era la suya.
No conoció a su madre.
Veintinueve años atrás, ésta había ingresado a la triste lista de los y las desaparecidas de la dictadura militar.
Hoy, desde hace menos de un mes, Martín es el nieto recuperado número 98 de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Hubo pistas que le hicieron dudar si realmente era parte de la familia donde vivía, hasta que un día, -cuenta el joven-, sintió la necesidad de averiguar por sí mismo cuál era su origen.
La decisión fue personal.
Nadie se lo propuso.
Lo hizo por cuenta propia.
La puesta en práctica la realizó junto a otras personas.
Se acercó al CONADI,
Entre todos lograron reconstruir la historia familiar ignorada por Martín.
Ahora Martín está encontrándose con su familia biológica.
“Me hallé con un montón de primos que se comen las uñas igual que yo”, comenta. Y amplía: “Estoy deslumbrándome, conociéndolos a ellos y conociéndome a mí mismo. Es lindo saber la verdad, convivir con ella y con ellos”.
Para descubrir sus orígenes y así completar su historia, Martín puso en práctica dos decisiones fundamentales:
Una, hizo lugar a sus inquietudes. Quiso saber quién era él en realidad, de dónde venía.
La otra, cambió de escenario. Salió del lugar habitual donde vivía y se movilizó hacia otro espacio: El CONADI, las Abuelas, entre otros sitios de consultas.
El cambio de escenario le permitió tener otra visión sobre los umbrales de su vida, y al conocerlos, pudo completar la historia.
La suya. La real. Con lo bueno y lo malo, las alegrías y las tristezas. Saber la verdad no lo eximió del dolor de los vacíos, pero si de las mentiras y el ocultamiento.
Comprendió que la historia oficial que le habían contado, no era la única ni la verdadera.
Narra
El Maestro quedó tan impresionado que llamó a sus discípulos:
“Eh, Pedro, Juan, Felipe, todos vengan para aquí”.
Ellos se movieron apresuradamente ante su pedido y se acercaron inmediatamente. Se juntaron a su alrededor y Jesús les mostró la escena de la viuda ofrendando lo poco que tenía para vivir exaltando a la mujer como una sincera hacedora de la religiosidad, portadora de la verdadera actitud de vida.
También nos dice el relato bíblico que poco antes, El Mesías había puesto en ridículo a ciertos personajes de entonces.
Cuenta que estos sujetos iban a las plazas y a los mercados con vestimentas costosas para lucirse ante la gente y que, al ofrendar en el Templo, lo hacían con largas oraciones para que todos tuviesen tiempo de ver que daban buena plata.
El problema era que esa gente era promovida por muchos como modelo de lo religioso por su “gran caridad”, “por lo mucho que daban en la ofrenda”, sin importar como se conducían en su vida diaria.
Y esto estaba impreso también en la interioridad de los discípulos. Jesús desnuda a los falsos íconos al denunciarlos como lo que en realidad eran: ladrones que se escondían en lo religioso para robar impunemente.
Para modificar la historia oficial de sus discípulos, El Maestro les cambia el escenario. Toma el control remoto y los pasa del canal de los famosos corruptos al de la sincera actitud religiosa de la viuda.
Y nosotros… ¿Sabemos quiénes somos?
Para contestar a esto podríamos intentar hacer lo que nos mostró Jesús en el pasaje bíblico y que también hizo Martín: Cambiar de escenario. Dejar el cómodo tablado donde nos hemos formado acorde a una determinada historia oficial, para averiguar y construir la verdadera historia. La mía.
Movernos hacia aquellas personas que entiendan si les comentamos que algún hecho de la vida, un detalle, algo aparentemente de poca importancia, nos tocó y nos pasó lo de Martín: “nos tembló el cuerpo”.
También podemos cuestionarnos: ¿Qué actitud tenemos?
¿La de la caridad publicitaria o la de la solidaridad auténtica?
Encontrarnos con nuestra propia historia y responder a estos interrogantes no es algo que podamos hacer solos, o solas.
Necesitamos la visión del otro para que el panorama sea completo. En soledad los resultados son subjetivos, parciales, inconclusos. Juntándonos con otros y otras, en comunidad, probablemente podamos completar algunas respuestas.
Por eso, desde
Pensemos Juntos
jueves, 5 de noviembre de 2009
Editorial 25: (05/11/09)
La mujer de la joroba.
La reunión no necesitó convocatoria especial pues se llevaba a cabo en el mismo día y horario de todas las semanas. El público se distribuyó de la manera habitual: Los más importantes en los primeros lugares. El resto detrás.
Escondida contra la pared, en la última fila, estaba una señora que jamás perdía una de estas reuniones. Como era su costumbre, se acurrucaba hacia el final del lugar intentando pasar desapercibida y ocultar la joroba que cargaba desde hacía dieciocho años. Encorvada, como si fuese una pasa de uva arrugada, se sentía muy avergonzada por su problema físico.
El orador arrancó con su plática. Era una persona que comenzaba a ser reconocida en todas partes. Todos estaban atentos a sus palabras. En un momento se detuvo y miró a la señora de
La señora se dio cuenta de que el orador la miraba y se sintió incómoda. Se acurrucó aún más, aunque no pudo con la tentación de mirar por el rabillo de sus ojos. Descubrió que poco a poco las cabezas de los presentes se movían clavando los ojos sobre ella.
Nunca había experimentado algo semejante. Asustada se dijo: “Tierra, tragame”, conocedora de las versiones del vecindario afirmando que había sido tomada por algún espíritu maligno que la dejó encorvada.
Miró hacia la puerta de salida. La tenía muy cerca. Comenzó a planear como escurrirse de ese lugar. Estaba en eso, cada vez más chiquita, cuando escuchó que el orador le decía: “Señora, por favor, venga para aquí”.
¡No! ¿Cómo iba a ir al frente de todos? Se quedó pasmada cuando los que estaban a su alrededor, comenzaron a apartarse formando un pasillo para que ella fuera hasta el orador. No sabía qué hacer, pero el escape ya era imposible.
Avanzó. La gibosidad se notaba mucho más que lo habitual porque a cada paso que daba se sentía más pasa de uva, más arrugada.
Joroba en alto. Mirada hacia abajo. Manos escondidas en su pollera. Creía ser el hazmerreír de todos los presentes. Llegó al frente del auditorio. Perturbada. No encontraba el modo de comportarse con todas esas miradas encima de su persona.
El orador se acercó y puso sus manos sobre ella. Por todo su cuerpo sintió correr el cariño que venía de ese hombre. Ya no se sintió objeto de burlas. Los gritos de los chicos: “Cuidado, ahí va la jorobada”, la sorna y el desprecio de los mayores, quedaron de lado. Alguien la quería.
No se recobraba aún de su sorpresa cuando escuchó las palabras del orador: “Señora, queda ahora liberada de su enfermedad”
No discernía si esas palabras eran una broma o eran en serio, cuando percibió que su cuerpo se enderezaba. Su rostro se alzaba cada vez más. De repente se dio cuenta que estaba derecha. A la misma altura que el hombre. Lo miró a los ojos. En ellos descubrió la gran humanidad de ese personaje, al mismo tiempo que corroboraba una vez más que estaba erguida. No necesitó extender sus manos hacia su espalda para saber que la joroba había desaparecido. Sólo se le escapó un: “Gracias a Dios” y al escuchar el sonido de sus propias palabras, se atrevió a repetirlo: “Gracias a Dios. Gracias”.
La mayoría de los presentes se quedaron asombrados y también repetían el “Gracias a Dios”. Sin embargo, algunos de los que estaban en los primeros lugares comenzaron a criticar al personaje de marras.
Decían: “Pero hoy nos reunimos con otro motivo, no para ver como una jorobada se endereza. Esto está fuera de las normas”
El orador les contestó: “Uds. son muy cuidadosos con sus animales, cuando alguno de ellos tiene problemas enseguida salen a solucionarlos, sea el día que sea, ¿Por qué no quieren hacer lo mismo con las personas?”
La inteligencia del orador se muestra con la leve ironía de sus palabras que escondían la verdad conocida por todos. Algo así como: “Les preocupan sus animales pues tienen que ver con sus economías, pero no les interesan las personas necesitadas, como esta señora enferma.”
¿Se imagina de dónde salió esta historia? ¿Adivinó quién es el inteligente orador de mirada de largo alcance y compasión infinita?
Si. Su conclusión es correcta.
Se trata de un relato bíblico sobre la vida de Jesús.
Se encuentra en el evangelio de Lucas en el capítulo trece.
La objeción de los personajes importantes se debía a que el día de la reunión era un sábado y que en ese día no se podía hacer nada de nada, según mandaba la ley.
Jesús les replica que no hacen así con el buey o el asno, pues cuando tienen sed los llevan a tomar agua aún si es sábado. Entonces les preguntó: “¿qué mal hay en sanar en día sábado a esta mujer que hace dieciocho años lleva la carga de la joroba?”
Y no se quedó con eso. En voz alta, para que la audiencia escuchara, agregó: “¿A quién quieren engañar?”
Genial que en la literatura del primer siglo surjan escritos, como este del evangelio, donde los considerados despreciables pasan a ocupar el primer lugar. Un aspecto pasado por alto en muchas oportunidades en el día de hoy y que merece ser rescatado.
Digno de analizar es si esto ocurre porque se trata de literatura considerada religiosa o porque es literatura donde los pobres ocupan el primer lugar de las escenas.
O, tal vez, porque cuando se habla de Jesús ambas cosas son inseparables. Después de todo el mensaje sobre la venida del Mesías nos ilumina sobre esto: vino a rescatar a los irrescatables.
¿Y hoy qué ocurre?
Si, ustedes están en lo correcto, al relacionar esta historia de Jesús con algunos episodios de la vida contemporánea. Aquellos en que algunos dirigentes se ocupan de sus cosas personales y postergan disposiciones que benefician a los y las necesitadas. O comienzan a buscar pretextos para dilatar las decisiones correspondientes cuando alguien propone mejorar la situación de esas personas.
En aquella época fue la excusa religiosa. Ahora son excusas, determinadas reglas de la economía.
En los primeros asientos del poder o de los medios de comunicación están los hombres y mujeres catalogados como los más importantes: Los poderosos. Los famosos. Las famosas.
La mayoría de ellos dispuestos a seguir sólo el orden del día sin lugar a lo humano.
Las demás personas sólo tienen lugar cuando “les crecen las jorobas” y se las coloca en los rincones de los despreciables.
Agobiadas por la presión de cierto estilo de vida, sus espaldas se cargan de tensiones y quedan dobladas, con los ojos hacia el suelo, sin atreverse a mirar la vida cara a cara.
Desmerecidas por el medio ambiente se consideran páramos de la existencia humana.
La joroba es sólo una metáfora. Es un ejemplo físico de la carga. La carga que significan los miedos, las frustraciones, las culpas, la desigualdad, la discriminación, la marginación, la desesperanza y un montón de otros pesos que la sociedad en muchos casos nos imputa o intenta imponer y nos hace que enfrentemos la vida con la mirada hacia el suelo, creyendo que la imagen que refleja la verdad de nuestra interioridad es la de la uva pasa, sin fuerzas ni valor para enderezarnos.
“Gracias a Dios” decía la jorobada en el relato bíblico y Gracias a Dios, Jesús vino para liberarnos de la giba y enderezarnos para mirar y vivir la vida con dignidad de verdaderos hijos de Dios, herederos de su salvación.
Jesús es así. Toca a una persona y la transforma. La libera de su carga.
Estaría bueno analizar como transitamos nuestros días, ¿Con la cabeza gacha o la frente erguida? ¿Cómo uva pasa o como hijos de Dios? ¿Siguiendo las leyes de nuestra conveniencia o dándole prioridad a lo humano y solidario a pesar de los problemas que esto pueda causarnos?
Son asuntos de
Para meditar y reflexionar en compañía.
Por eso, desde
“Pensemos juntos la vida”
Pastor Anibal Sicardi
Correcciones: Rubén Ash
05 de novembre de 2009
jueves, 29 de octubre de 2009
Editorial 24: (29/10/09)
Algún día se tendrá en cuenta la calidad literaria de los escritores de la Biblia. Han producido relatos que aún hoy son una pinturita.
Uno de ellos es el que leímos el domingo pasado en la mayoría de las iglesias del país, tanto católicas romanas como protestantes, ya que tenemos lecturas bíblicas comunes.
Se trata de un pasaje del evangelio de Marcos en el capítulo 10, que describe lo que le ocurrió a un ciego, Bartimeo, en su encuentro con Jesús y del que algo comentamos en el programa del jueves pasado.
Dada su condición física, Bartimeo pedía limosnas en el camino que salía de Jericó cuando se entera de que Jesús andaba por allí. Entonces comenzó a gritar: “Hijo de David, ten misericordia de mi”. Muchos de los que estaban allí le pidieron que se callara, que se comportara respetuosamente.
Una escena parecida a ésta hemos visto en otra oportunidad en el relato bíblico cuando unos pibes y pibas se acercaron a Jesús y los discípulos pretendieron apartarlos.
En una y otra ocasión el intento fue aislar a Jesús, especialmente de los que tenían problemas físicos, -por lo que eran excluidos-, y de los niños, que no eran considerados personas hasta que no tuviesen la edad establecida para ser incorporados a la comunidad.
Jesús no anda con esas. Tiene una actitud totalmente distinta.
Inclusiva. Compasiva.
El escritor la describe de un sólo plumazo. Evade explicaciones anexas, como informar que iba caminando u otras obviedades. Conciso dice, por ejemplo, en el caso del ciego: “Jesús se detuvo”, y agrega: “pidió que llamaran al que gritaba”.
El Maestro facilita el trámite. No hay agenda anticipada ni sala de espera. Tampoco intermediarios.
El ciego no lo puede creer. Le tienen que repetir: “No tengas miedo. Jesús te llama”. Aún así desconfía.
Claro, que alguien como el que llamaban Mesías lo quisiera ver no se podía creer así nomás. Temía que tal vez le estuvieran haciendo una broma. O que quizás lo llevaban para apalearlo. “Hoy en día no se puede confiar en nadie”, habrá pensado.
Ante la insistencia, y la esperanza de estar cerca del Señor, los temores se esfuman y la alegría del invidente es incontenible. Tira su capa y pega un salto.
Entendamos que la capa era un elemento vital en aquellos tiempos. Cuando un prestamista cobraba la deuda de alguien y le sacaba todo, incluida la capa, tenía la obligación legal de devolvérsela al atardecer, porque el deudor debía usarla durante de la noche.
La capa, quizás la única posesión del ciego, ante la posibilidad de acercarse al Señor, va a parar vaya a saber adonde.
Ahora Bartimeo está frente a Jesús. Cara a cara. Las fronteras sociales se derrumbaron. Volaron como la capa.
El ciego se planta delante de Jesús.
Quizás esperaba alguna pregunta clásica sobre sus creencias.
Si sabía algo de quien era él. En una de esas le pedía que orase alguna oración de esas que se repiten en el Templo. Todo ese bagaje de idas y vueltas que usamos habitualmente cuando nos confrontamos con otra persona. Hay que saber con quien hablamos. Con quien nos juntamos.
Pero no. Se sorprende.
Jesús le dice una sola cosa: “¿Qué quieres que haga por ti?”
Genio el escritor. Pero más genio aún el protagonista pues esa pregunta ilumina quien es él, Jesús.
No es un legislador que trae la Ley para arrojársela en la cabeza.
No es un religioso que pregunta si ora o si lee el libro sagrado.
Menos aún interrogarlo acerca de si trae algo de dinero. No.
Este caminante de la vida sólo pregunta: “¿Que necesitás?”.
Por supuesto, ni lerdo ni perezoso, el ciego contesta: “Quiero ver”.
Brillante el registro del relator.
Con un verbo y un sustantivo le pone contenido a ese deseo de Bartimeo cuando gritaba: “Ten misericordia de mí”.
Jesús, práctico, directo, no apela a ritos, ni ceremonias, ni movimientos mágicos.
Utiliza la palabra diciéndole: “Podés irte, estás sano porque confiaste en Dios”.
La cosa podría haber terminado ahí, pero el escritor descubre otro final: al que hasta ese momento no veía, no le cae bien en un principio, eso de que ahora se podía ir. ¿Adónde? ¿A sentarse al borde del camino como espectador de la vida? ¿A seguir pidiendo limosna? ¿A seguir manteniendo la imagen de una existencia lastimosa?
No. Para nada. Ahora recuperó la visión. Quiere ser protagonista y no mero espectador de la vida. Quiere mantener la alegría y el entusiasmo, por lo que no va a volver a ser especialista en colocar las posaderas sobre la vera del camino y en extender la mano por un poco de dinerillo.
Entonces, sin pedir permiso, ni discutir lo que se le dijo, ni averiguar que cláusulas tenía que respetar, decide seguir a Jesús.
El narrador, sin conocer a Borges y sus bien ganados pergaminos literarios, apela a la misma calidad de síntesis y detalla: “el ciego pudo ver de nuevo y siguió a Jesús por el camino”.
Alguien que leyó este relato me comentó: “¿Te diste cuenta lo que quiere decir esa frase?”, sin esperar respuesta, agregó: “El que era no vidente ve en Jesús algo más que un sanador del físico, se le ilumina el entendimiento y descubre que Jesús es sanador de la vida”.
Oportuna reflexión. Así es.
Cuando Jesús toca la vida de una persona, ésta se transforma. Comienza a valorizar su existencia. Ve su entorno de otra forma. Cambia sus prioridades. Entiende que la vida es para ser actor de ella. Tira su capa. Pega un salto. Encuentra lo que buscaba. Le coloca contenido a ese deseo de vivir una vida digna.
Cuando dejamos la ceguera de nuestros miedos y nos atrevemos a ver al Creador cara a cara, el desierto silencioso o el páramo abrumador de nuestras vidas, se transforma en el más maravilloso de los paisajes. La paz y la esperanza comienzan a formar parte del camino. La música de la fe nos acuna y conforta.
¡Arrojemos la capa! ¡Peguemos el salto!
¿Pude transmitirles aquello que les comenté al principio sobre la calidad de los escritores bíblicos?
No se, pero también… ¡Pavada de asesor literario tenían!
Tampoco se si conseguí explicar eso de que hay relatos en la Biblia que son una pinturita…
Acaso me faltaron medios ya que no soy poeta ni literato.
Posiblemente podrían ayudarme si la leemos juntos.
Tal vez Ud. quiera conversar sobre estos temas. O sobre otros. Quizás a vos se te ocurran más opciones de cómo cambiar una existencia de espectadores por una donde seamos actores protagónicos de la vida. Nos gustaría saberlo. Hablemos.
Por eso, desde la Iglesia Metodista de la calle Belgrano al 300, en Bahía Blanca, proponemos que…
“Pensemos juntos la vida”.
Pastor Aníbal Sicardi.
Correcciones: Rubén Ash
29 de Octubre de 2009
jueves, 22 de octubre de 2009
Editorial 23: (22/10/09)
Ciegos guías de ciegos.
Hace un tiempo andaba por el centro de Buenos Aires cuando vi a un no vidente que tenía dificultades para movilizarse en una vereda, de esas angostas que tiene la gran urbe.
Me acerqué ofreciéndole ayudarlo. Aceptó agradecido aunque advirtiéndome: “Mire que voy a la otra cuadra”
“No hay problema, vamos por la misma dirección”, le respondí.
A poco de andar me apretó un poco el brazo y me dijo: “Tenga cuidado que más adelante hay una persona hurgando dentro de un basurero”. Como no lo había visto, levanté la cabeza para prestar más atención y comprobé, que unos metros delante de nosotros, un hombre tenía medio cuerpo adentro del basurero aparentemente buscando algo, casi seguro… comida.
“¿Cómo se dio cuenta que estaba el basurero y el hombre?”, le pregunté. “Y… por el olor” contestó.
“Si”, -le observé-, “pero me Ud. me dijo que en ese basurero había una persona ¿Cómo lo sabia?”.
Sabiamente me contestó: “el olor del depósito de residuos cuando está abierto es más fuerte que cuando está cerrado y se supone que si está abierto, alguien debía estar allí”.
Así que de ser guía de un invidente pasé a ser guiado por el ciego.
Recordé que una persona a la que le falta un sentido desarrolla más los otros sentidos. En este caso, el sentido de la vista era el que no funcionaba. Los demás aumentaron sus capacidades.
En ese momento vino a mi mente lo que Jesús les dijo a algunos religiosos de su época: “Son ciegos guías de ciegos”.
La ocasión en que el hijo de Dios pronunció estas palabras fue cuando esos religiosos criticaron a los discípulos de Jesús porque comían sin lavarse las manos y sin practicar los ritos establecidos para antes de comer.
En respuesta, Jesús les dijo: “Lo que contamina no es lo que entra por la boca sino lo que sale de ella”, mencionando que eso originaba las peleas, las guerras y otras cuestiones. Ellos se enojaron y fue entonces cuando Jesús les dijo que eran “ciegos guías de ciegos”.
Y no fueron, son, ni serán los únicos merecedores de esta frase.
Juan XXIII fue un gran Papa, fundamentalmente porque fue una gran persona. Él promovió Vaticano II, el evento eclesiástico más importante del siglo pasado inaugurado el 11 de octubre de 1962, Juan XXIII sabía que era fuertemente criticado y que buena parte de esa oposición provenía de los funcionarios del Vaticano.
Reunido con los obispos les dijo: “Esas palabras que disturban provienen de personas que tienen gran celo religioso pero carecen de sentido suficiente para valorar correctamente las cosas y son incapaces de emitir un juicio inteligente”.
Al pan, pan y al vino, vino. Esas personas, aparentemente bien intencionadas, también eran ciegos guías de ciegos.
Conocemos en la actualidad ejemplos de este tipo de personas. Líderes políticos y/o religiosos que sólo ven a través de sus deseos y son ciegos hacia la vida de
Cegadas por la ambición, el egoísmo, la envidia, la cobardía, se alejan de la vida real. Inventan otra vida y se convierten en animales que sólo actúan por instinto destructor. Transforman la sociedad en un espacio donde es difícil vivir y luego nos convencen de que esa es la única realidad. Así, nos dejamos conducir por los ciegos, transformándonos en ciegos. Vivimos la vida como una pesadilla y, como suele ocurrir con las pesadillas, no podemos o no nos atrevemos a despertarnos.
Cuenta la Biblia que Bartimeo era un hombre ciego que todos los días se sentaba al costado del camino a mendigar.
En una oportunidad se entera que por ese lugar estaba pasando Jesús. Lo llama a los gritos: “Hijo de David, ten misericordia de mí”
Jesús lo escucha y manda a sus discípulos a averiguar qué pasaba. Ellos vuelven con el ciego y Jesús le pregunta:
“¿Qué quieres que haga por ti?”
El hombre le dice: “Que recobre la vista”.
Jesús le contesta: “Tu fe te ha salvado”, y lo curó.
Bartimeo recuperó la vista.
Dejó de estar sentado al borde del camino y se fue detrás de Jesús.
De pasivo espectador de la vida pasó a ser actor de ella.
Bartimeo puede ser cualquiera de nosotros. Alguien que se siente limitado en la vida y reclama que le den la posibilidad de vivir a pleno. El gran paso que debemos dar es el mismo de Bartimeo: reconocer la ceguera y la necesidad de librarnos de ella.
Sin ese paso no hay liberación.
No se trata de conocer oraciones, liturgias, ritos. Se trata de tener los deseos de salir del encierro de las tinieblas a los caminos de
Nosotros nos atrevemos a afirmar que Jesús no pasa de largo. Se detiene y nos da aliento. Fuerza. Vista para ver la realidad de la vida y no el espectáculo, “el reality show” que nos inventan.
Recobrado el verdadero sentido de la vista, la vida retoma los colores y vivencias reales. Se transforma, y en ese caminar la nueva vida, descubrimos a muchos y muchas que se mueven con la fuerza que surge desde el corazón: el amor por medio del cual recuperamos la dignidad del ser humano.
Tal vez Ud. tiene otra propuesta para dejar de ser ciegos.
Quizás vos tengas alguna idea para mejorar nuestra visión. Conversemos al respecto. No nos manejemos solitariamente. Respondamos al llamado de vivir en comunidad.
Por eso es que, desde
Pensemos juntos la vida.
Pastor Anibal Sicardi
Correción: Rubén Ash
22 de Octubre de 2009